Un documental rememora un oficio en desuso que obtenía cal viva para desinfectar el agro y las obras
Mondoñedo dirá adiós el sábado, con la proyección de un documental (a las ocho de la tarde en la Casa da Xuventude), a un oficio ya en desuso desde la década de los setenta, y recuperado el pasado verano con una gran fiesta en la parroquia de Masma. Allí llegaron a funcionar doce hornos para la fabricación artesanal de cal viva que servía como mortero y revoque en la construcción, para desinfectar las cuadras del ganado y las aguas, y que en la agricultura se usaba como fertilizante para rebajar la acidez del suelo. El oficio de caleiro se transmitió durante generaciones y toneladas de cal fueron exportadas de este municipio lucense en carros hacia otras comarcas, e incluso en camiones hasta ciudades tan alejadas como A Coruña.
El antropólogo Duarte Fernández y el realizador de cortometrajes Mariano Casas decidieron recordar aquel oficio, con importante participación de los pueblos, grabando un documental con el título Cal viva, cal morta. A derradeira festa. En colaboración con el Concello mindoniense y la fundación comarcal mariñana organizaron una celebración en la que se reunieron además otros oficios artesanos y para la que se encendió de nuevo uno de los mayores hornos de Masma, la caleira de José Otero Rejes, donde en cada fornada se podían cocer 80 toneladas de piedra caliza para obtener unas 35 de cal viva.
De febrero a septiembre
Era un trabajo desarrollado de febrero a septiembre que precisaba del acarreo de piedra caliza obtenida en una cantera, reunir leña de tojo y atizar el horno (una construcción popular realizada en granito y de forma circular) durante tres días para cocer cada carga a unos mil grados.
Para la última Festa da Cal, los maestros caleros Andrés y Ramón Otero utilizaron madera de eucalipto, con gran poder calorífico pero menos apropiado que el tojo, pues este genera una poderosa llama que con el efecto chimenea descompone las piedras en anhídrido carbónico mas óxido de calcio y sobresale varios metros por encima de la bóveda de carga. Cuando el proceso se ha completado, el fuego es azulado.
Fernández y Casas plantearon el documental de forma que respetase en lo posible la personalidad de unos hombres con una forma de vida única. Anteriormente, el profesor de la Escola Universitaria de Arquitectura Técnica de A Coruña Álvaro Iglesias, tutor del proyecto de fin de carrera de Damián Fernández, ya había dado a conocer caleras de construcción tradicional en ámbitos académicos.
Un aspecto clave de los caleiros, en desuso pero también conocida en otras partes de la Península, era repartir bien el calor y situar la piedra más dura en el centro del horno, y la más blanda en los laterales. En la base hay una zona subterránea de más de un metro de altura donde se coloca el combustible. En el documental se ve el trabajo de atizadores como Heriberto o Moncho, y de varios aprendices. En la actualidad quedan en pie seis hornos de cal, de distinto tamaño, de la decena que hubo encendidos en Masma.
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