Estuvo Fernando Savater en la inauguración del primer congreso de Unión Progreso y Democracia (UPyD) para sintetizar, con una expresión simple, la posición electoral alcanzada por este partido en sus casi dos años de vida.
Diremos antes que el barómetro de octubre del CIS es concluyente sobre la centralidad de UPyD en la contienda electoral, y sobre la ventaja de Rosa Díez frente a Zapatero y Rajoy en la mitad más joven del censo, el hábitat urbano y todos los niveles educativos salvo la población sin estudios o con estudios primarios. En definitiva, la dimensión actual de este partido es de 1,2 millones de votos para una participación del 69,5% en elecciones generales.
Savater explicó que el PSOE y el PP, con su belicosa forma de no relacionarse, obligan a los ciudadanos a situarse a un lado u otro de un muro, el que definen las posiciones intransigentes y de descalificación sistemática del contrario que estos partidos emplean como estrategia electoral. Vino a decir que UPyD está resultando ser el lugar de encuentro de unos electores que han conseguido derribar este muro electoral desde ambos lados. Lo cierto es que el pasado mes de octubre el PP se situó por delante del PSOE en los datos directos de intención de voto del barómetro del CIS y otras encuestas privadas. Este hecho, que tiene toda la relevancia técnica y hasta ahora ha sido poco comentado, coincide con otro dato que es el que da veracidad a la expresión de Savater: por primera vez, en la serie de barómetros del CIS, UPyD obtendría más votos procedentes del PSOE que del PP.
Qué hacer con UPyD es una pregunta que tiene de momento la misma respuesta en Génova que en Ferraz: nada. Hacer algo significa complicar extraordinariamente sus planteamientos estratégicos y enfrentarse a lo desconocido. No harán nada hasta encontrarse el problema planteado a la vuelta de las elecciones autonómicas y municipales del año 2011.
El PSOE no hará nada porque tiene otros problemas que atender; no olvidemos que gana desde el año 2004 con 0,8 millones de electores procedentes de IU y numerosos abstencionistas de izquierda; y en el 2008, además, gracias al voto útil de otros electores nacionalistas. Ahora se marchan; los nacionalistas son cuantificables, pero los que se pueden devolver a IU son inciertos y los que se queden en la abstención pueden ser demasiados. En el PSOE se prioriza atender el flanco izquierdo, que es compatible con la estrategia de la confrontación. Y en el PP no harán nada porque ese partido es como es. Así, por ejemplo, su mejor candidato para unas elecciones generales sería Alberto Ruiz Gallardón: impensable. Tan pronto Rajoy trata de acercarse a la posición central, que no es otra que la del pacto, el diálogo o el consenso, Aznar u otro de ese calibre hace declaraciones contrarias sobre tal intención del partido, declaraciones que nunca son contestadas.
Así las cosas, es posible que Savater tenga razón y Rosa Díez esté liderando ya una tercera vía electoral.
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