El hundimiento de las bolsas de los cinco continentes da una visión clara de que la economía está totalmente globalizada. Esa reacción en caída libre, y encadenada por los mercados de todo el planeta, demuestra que los inversores no se fían ni del plan Bush, ni del rescate de los Gobiernos europeos a sus grandes bancos, ni -y eso es lo peor de todo- de los líderes de la Unión Europea, que, con su desunión, están dando, cuando menos, un espectáculo absolutamente bochornoso. Los 27 son 27 (y no uno como debía suponerse) para casi todo: fiscalidad, mercado laboral, mercado de las telecomunicaciones, energía, vivienda... No se han puesto de acuerdo para ser uno ni tan siquiera en la moneda.
El sentido común es lo que se podía esperar de los grandes líderes de esa Unión, necesitada -a la desesperada- de retomar la senda de la confianza. Sin embargo, cada uno intenta arreglar su casa. Es el sálvese quien pueda.
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