Si alguien me vuelve a hablar de conciliación, muerdo. Hoy es festivo en A Coruña (¿por qué es festivo el Rosario de la Ciudad Vieja, que no se entera nadie, y no el San Juan, que lo celebramos todos?), y muchos colegios hicieron ayer puente. Conozco a una amiga que recurrió a los abuelos paternos. Otra dejó a los críos con sus padres. Menos mal que las guarderías no cerraron. Por la ciudad se veía a padres agobiados que trasladaban a los hijos de un lugar a otro. Hubo quien tuvo que llevarlos un rato al trabajo. «¿Este es tu colegio, papá?» y «¿cuál es tu profe, papi?». Miles de familias se multiplicaron para colocar a sus hijos y no faltar al trabajo. ¿De qué habla el Gobierno cada vez que se le llena la boca con la conciliación? ¿Para qué sirve el Ministerio de la Igualdad? Están en pañales los bebés y los derechos de quienes deciden ser padres. ¿Por qué la Xunta no trabaja en coordinar calendarios escolares y laborales? Los chavales no tienen que ir al colegio todo el año. No pongo en duda sus vacaciones de verano, ni las Navidades, ni el carnaval ni la Semana Santa. Ya son bastantes y yo también las disfruté. Lo increíble es que, a mayores, los colegios hagan acueductos cada vez que un festivo asoma el cuello sin pensar en el problema enorme que causan a las familias de hoy, en las que madre y padre trabajan. O es que ¿solo los profesores con sus calendarios especiales tienen derecho a conciliar?
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