Casi todos los políticos españoles y franceses son tributarios de aquel Mayo del 68 del que conservan un supuesto compromiso con la imaginación. Por eso Zapatero y Rajoy imaginan tener algo en común, teniéndolo en simetría con Sarkozy y su oposición. Por ejemplo, un diputado se alza en su escaño y proclama que el Ejecutivo no tiene previsión alguna en cuanto a «un programa de relanzamiento económico». Se diría que son las palabras de un diputado del PP. Pero no, son el reproche al Gobierno de Sarkozy en boca del socialista francés Julien Dray. Aquí es el presidente Zapatero el que reprocha como si viviera abrazado a un rencor. Y lo que le reprocha a Rajoy es que socave la confianza en la economía española. Mucha imaginación cultiva Zapatero a la hora de suponerle a Rajoy una influencia tal, como si quienes confían o no confían en la economía española tuvieran como norte de sus confianzas, a estas alturas, a Rajoy o, ya puestos, a Zapatero. Puede que el ejercicio de la política en tiempos de crisis económica consista fundamentalmente en imaginar y suponer arquetipos y paradigmas, dado que de economía saben más los economistas y banqueros atentos a la infracción de sus leyes que los políticos cuyos conocimientos de economía son tan escasos como sus ganas de ponerse a estudiarla en serio antes de sembrar bobadas. O de exigir al nuevo presidente del CGPJ que «actúe con rigor y no en función de sus creencias religiosas», que es lo que le exige la vicepresidenta Fernández de la Vega, plenamente dispuesta a imaginar algo de rigor democrático en las relaciones entre el Ejecutivo y el Poder Judicial. Loado sea Dios.
En breve los contactos recibirán en su correo electrónico un enlace a la noticia
Gracias por usar nuestros servicios
Revise sus datos y vuelva a intentarlo
Si se vuelve a producir un error, es posible que el servicio está momentáneamente no disponible. Inténtelo más tarde.
Disculpe las molestias. Gracias por usar nuestros servicios