Lluís Rodríguez, terapeuta: « Lo que hace más daño en la pareja no es lo que se hace, sino lo que se deja de hacer»

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Abrimos la caja de los truenos de las parejas. ¿Por qué discutimos?, ¿sabemos si tenemos una relación tóxica?, ¿somos dependientes emocionales? Este experto en solucionar conflictos nos da las claves para afrontar los problemas y sentirnos bien

16 mar 2024 . Actualizado a las 10:11 h.

Lluís Rodríguez lleva 20 años como terapeuta de parejas y ha visto de todo. Eso le ha permitido desarrollar la capacidad para saber si una relación tiene futuro o no. En su libro, Cuatro estilos de apego, analiza los modelos de relaciones en función del vínculo que se establece entre ellos. Así, podremos identificar si tenemos una relación sana o si estamos ante un círculo vicioso.

—En las relaciones, ¿no es más fácil entrar en conflicto que no hacerlo?

—Los conflictos son algo inevitable y necesario. Inevitable porque en una relación de pareja se encuentran dos personas que más o menos van a tener diferencias en todo. Y necesario, porque para resolver esas diferencias o conciliarlas hace falta resolver un conflicto. El conflicto está omnipresente en la relación.

—Entonces, cuando se dice que una pareja es idílica, ¿siempre es mentira?

—Las parejas idílicas existen en los cuentos y en las canciones, en la vida real no.

—¿Por qué establece cuatro maneras de amar?

—Son los estilos de apego. En realidad, eso surge porque el apego es el vínculo que necesitamos o establecemos con esa persona. Y se puede convertir en un apego seguro o inseguro. Es decir, con el que te sientes seguro con tu pareja o un vínculo con el que te sientes inseguro. Y las maneras de sentirse inseguro también se dividen en dos. Una es que intentes reclamar y acercarte para buscar esa seguridad en tu pareja. Y la otra es que te distancies, precisamente, porque no te da esa seguridad. Y luego, el cuarto estilo es cuando estas dos maneras de apego inseguras son desorganizadas, es decir, que unas veces haces una y otras veces, otra. Porque tu inseguridad es mayor.

—¿Y cómo sabes que en tu relación tienes un apego seguro?

—Podría decirse que es la capacidad que tiene una persona de resolver su propia inseguridad. Estaríamos hablando de la dependencia emocional. Si estás en una relación, todos podemos sentir cierta inseguridad, pero lo resuelves. Hablas con tu pareja o pones límites. Lo resuelves y te ocupas de ello. En caso de que la pareja rompa, pues también lo resuelves. Tendrás que pasarlo mal, tendrás que recuperarte... es como una capacidad de gestión de la emoción. Pero cuando el apego es inseguro, se pone todo en manos de la otra persona, hay una dependencia emocional.

—¿Cuáles son los errores más comunes que cometen las parejas?

—Cuando hay un conflicto siempre pensamos que la culpa es de la otra persona, responsabilizamos al otro, lo acusamos o lo atacamos en lugar de hacer lo que nos toca. Y ese es el principal problema, que la relación se convierte más en una batalla que en una conciliación. Y es lo que pasa la mayoría de las veces.

—¿Se puede llegar a reconducir una gran crisis de pareja o ese ya es un punto de no retorno?

—Hay dos factores que quizás son los más importantes para salvar la relación. Uno es si todavía hay afecto. Muchas relaciones están muy dañadas y es muy difícil resolver el conflicto; pero hay un afecto real, las personas se quieren, y hacen grandes esfuerzos por arreglarlo. Y luego, la otra variable es el daño que se haya hecho. Porque algunas veces las parejas se llegan a faltar al respeto de forma muy dramática y se han hecho mucho daño. Entonces, eso ya no tiene solución.

—¿La infidelidad ya no es tan determinante en las rupturas o lo sigue siendo?

—La infidelidad depende mucho de los motivos por los que han llegado hasta esa situación. No creo que haya cambiado en sí mismo, porque el problema de la infidelidad es la traición. Tú estás con una persona con la que sientes que te ha traicionado y eso no cambia. Pueden cambiar los parámetros, pero no la traición. Si es una relación abierta donde hay permisividad, entonces no te sientes traicionado.

—En una ruptura siempre hay alguien externo que dice que ahora «ya no se aguanta nada», pero quizás ese sea el error, pensar que hay que aguantar.

—El problema de aguantar tiene que ver mucho con las alternativas y las creencias. Antes había unas creencias mucho más rígidas y muy pocas alternativas. Ahora, las creencias son más laxas, por suerte, y no estamos condenados por unas creencias que nos han transmitido la sociedad y nuestros padres. Y también hay alternativas. Uno puede romper una relación, se apunta a una aplicación de citas y hoy estás en una relación y mañana, en otra. Entonces, eso desmotiva un poco el esfuerzo.

—Se dice también que los hijos unen, ¿pero también dividen?

—No sé realmente quién dice eso porque, la gran mayoría de las veces, los hijos dividen a la pareja. Las relaciones de hoy en día salen muy perjudicadas por los hijos. Porque la vida que llevamos también tiene que ver con las alternativas. La gente tiene una vida mucho más completa y hace muchas cosas. Tienen más expectativas de la relación y de la vida, y cuando aparecen los niños, todo eso, de alguna manera, se va perdiendo. Y siempre hay algún problema en las relaciones, pero cuando están los hijos se pronuncia más. Además, uno de los dos miembros de la pareja en esa llegada del hijo deja de atender al otro, se retira más, y la otra persona tiene más necesidad, entonces se pronuncia el conflicto. Es lo que suele pasar, aunque no siempre, claro. Hay parejas que tienen hijos y eso les une, por supuesto. Pero claro, las que yo conozco son las que no, porque si les va muy bien, no vienen a terapia.

—¿Además de volcarte en tus hijos, también tienes que hacerlo en la pareja?

—Bueno, tienes que mantener. Hay muchas personas que como tienen una relación, pues ya no hacen nada, y cuando llegan los hijos, esto también tiene que ser así. Tienes que seguir esforzándote en la relación en la medida que puedas. A lo mejor será menos, pero lo que importa es el esfuerzo. Lo que hace más daño no es tanto lo que se hace, sino el esfuerzo que se deja de hacer. Hace mucho más daño en la relación que tu pareja ya no se esfuerce.

—Las exigencias laborales, el estrés, tener que hacer tantas cosas al día... eso tampoco ayudará.

—Sí, eso tiene que ver con las expectativas que tenemos hoy en día. Tenemos muchas más metas y eso tiene que ver también con el tiempo que le dedicamos al trabajo, las condiciones laborales, el estrés.... Tenemos muchas cosas, y la relación queda relegada a un espacio más pequeño. Pero el problema sigue siendo el esfuerzo que se hace, porque si le das un sitio dentro de todo esto, no tiene por qué ser un problema.

—Hay gente también que no puede estar sin pareja.

—Esto está relacionado con el apego inseguro ambivalente. La persona que no se siente segura en el vínculo y tiende a reclamar, a buscar, a acercarse... por decirlo gráficamente, uno se acerca mientras el otro se aleja. El que tiene esa tendencia, cuando no tiene pareja se siente mal, porque necesita ese vínculo. Es ese vínculo emocional el que le da seguridad. Y muchas personas ya están acostumbradas a eso desde siempre, desde pequeños. Los han educado así. Cuando se sienten mal acuden a su madre, a su padre, a sus amigos.... Entonces, si no tienen a alguien ahí cuando se sienten mal, tienen una sensación de soledad profunda. A pesar de que la vida les vaya bien, parece que les falta algo. Como que si no tienen pareja no van a ser felices.

—¿Cómo se detecta una relación tóxica?

—Hay dos aspectos principales. Uno es que una persona no respete o trate mal a la otra. Y la segunda, que pueden ir juntas, es que la persona lo consienta. Es una relación donde te tratan mal, en la que no te respetan y estás sufriendo, pero permaneces en ella, en vez de tratar de arreglarlo o marcharte. Es tóxica porque te hace daño y si estás sufriendo no haces nada.

—Muchas parejas rompen diciendo que se van a dar un tiempo, ¿eso es bueno?

—Excepcionalmente, una pareja puede darse un tiempo porque vaya a terapia y, mientras, tratan de solucionar sus problemas. Solo puede ser una buena idea si durante ese tiempo hacen algo que pueda beneficiar a la relación, pero si no, no. Porque lo que hace la gente, en general, es tomarse un tiempo para que se le pase lo que haya sucedido. Pero la insatisfacción que hay detrás no desaparece. Entonces, cuando vuelven, parece que las cosas se arreglan, pero los problemas siguen ahí.

—¿Es mejor tener contacto cero con quien rompes?

—Eso es fundamental, porque hay que entender que la gran mayoría de las veces se crea una especie de adicción emocional. Tú estás con una pareja con la que un día estás bien y otro mal. Hay como un «ahora bien, ahora mal», que crea una especie de adicción. Y sucede en la mayoría de las relaciones. Es fácil de entender que lo que tengo que hacer es un síndrome de abstinencia. El alcohol puede servir como metáfora. Cuando un adicto al alcohol lo deja, tiene que eliminar todo estímulo que desencadene la emoción. Entonces, si rompes una relación, sobre todo, en las personas con apego ansioso —que despierta ansiedad, y la ansiedad tiene que ver con la adicción—, pues solamente el hecho de ver una foto en las redes sociales, de repente, se dispara otra vez la ansiedad. Y la persona vuelve, como si rompiera su síndrome de abstinencia, a empezar su proceso.

—Entonces siempre tienes que romper por lo sano y aislarte de la otra persona...

—Sí, siempre que estés pasando un sufrimiento. Si tienes la capacidad de romper una relación y hacerlo de una manera cordial y gestionarlo emocionalmente sin un gran sufrimiento y no vas a recaer, no hace falta el contacto cero. El problema es que la gente recae por cualquier cosa, la otra persona te manda un mensaje, porque ahora te echa de menos, y vuelves a caer. Y rompes la relación y vuelves otra vez. Hay relaciones que funcionan así y que, a lo mejor, en un año pueden romper diez veces, y eso no está bien. Es como una droga que crea adicción. Estoy bien cuando la persona regresa, pero luego vuelven los problemas y vuelves a discutir. Y te sientes mal. Es un círculo vicioso.