El universo de Pedro Almodóvar no funciona, de momento, en la tele

Mikel Labastida VALENCIA / COLPISA

SOCIEDAD

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«Mentiras pasajeras», su incursión en el «streaming», acaba de estrenarse

15 oct 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

Trasladar el universo Almodóvar a la televisión es una tentación en la que podría caer cualquiera. Porque se presume atractivo, y porque se intuye como garantía de éxito. Pero no es una labor sencilla. Por eso seguramente ni él mismo se ha mostrado interesado en hacerlo, aunque seguramente hayan tratado de convencerle en varias ocasiones. Pero es un medio al que se resiste. Al menos como director. El cineasta ha llegado incluso a clamar contra los abusos de las plataformas y contra la proliferación de series en los últimos años. Almodóvar no es, ni mucho menos, ajeno al mundo televisivo. En su obra este elemento aparece recurrentemente. Por sus películas han desfilado presentadoras (Victoria Abril y Miriam Díaz Aroca lo eran de un informativo en Tacones lejanos), programas de testimonios (Loles León conducía uno en Hable con ella y Yolanda Ramos otro en Volver, que parecían sacados de Canal 9 y Antena 3 en los 90), espacios de sucesos (Victoria Abril se adelantó a los tiempos con su personaje de Andrea Caracortada en Kika) y divertidos anuncios publicitarios (se cuelan en Laberinto de pasiones y Mujeres al borde de un ataque de nervios). Siempre hay un punto crítico en estas intervenciones, eso sí, como si la tele fuera un medio que le provocase reparos. Quizá sí. Y eso explicaría que se haya prodigado tan poco en ella.

Como creador el currículo se reduce a un mediometraje, Tráiler para amantes de lo prohibido, en 1985 para La edad de oro de TVE. Y como productor, a través de El Deseo, a una serie, Mujeres, emitida en el 2006, en TVE 2. Hasta ahora que acaba de estrenarse su segunda producción, Mentiras pasajeras, para Paramount, que emite en España SkyShowtime.

Diecisiete años han tenido que pasar para que El Deseo haya decidido volver a acometer una aventura televisiva. En casi dos décadas las cosas han cambiado mucho. A la hora de encarar proyectos y a la hora de verlos como espectadores. Estamos mucho más resabiados ahora. Ambos títulos guardan pocos parecidos. Únicamente que Félix Sabroso es director de las dos. Entonces lo hizo acompañado por Dunia Ayaso. Y esta vez lo hace a las órdenes de Nerea Castro, que es la creadora. Poco más.

Una barriada humilde

Aquella, que se desarrollaba en una humilde barriada, sorprendía para bien por el naturalismo con el que abordaba los problemas mundanos. Presentaba un abanico femenino, amplio y poco explorado entonces en esa pantalla. En el 2006 la representación de la mujer era poco variada. La propuesta de El Deseo seguía a varias generaciones y presentaban sus problemas cotidianos, desde las crisis de identidad de las más jóvenes a la demencia senil que amenazaba a las mayores. Se emitió en La 2, fue vista por poca gente, pero la crítica la aplaudió. Hoy en día, que existen multitud de ventanas, habría logrado mayor relevancia, pero a principio de los dosmil estuvo condenada al olvido.

Almodóvar no tuvo una implicación directa con la serie, pero no cabe duda de que influyó de alguna manera en ella. El cine de Sabroso no puede ocultar una proximidad hacia el creador manchego. Sus películas comparten el interés por los personajes femeninos maduros y la tendencia por llevar al límite a los protagonistas. Si en algún lugar se podía entender aquella serie de mujeres ideada por Sabroso era en El Deseo.

En Mentiras pasajeras Almodóvar, junto a su hermano, vuelve a aparecer en los créditos solo como productor, pero hay detalles en el proyecto, como la excentricidad de todos los personajes (algunos mejor justificados que otros), que irremediablemente conducen a algunas películas del director. Y elementos estéticos como el diseño elegante de los créditos en los que, por cierto, se presenta al elenco enfundado con vendas como las que llevaba la protagonista de La piel que habito. La misma Elena Anaya que en la serie es la protagonista. Aunque seguramente solo sea una casualidad que en ambas obras los cirujanos tengan tal relevancia.

Anaya en un papel cómico

Mentiras pasajeras pretende ser más divertida de lo que realmente es. Y más ocurrente. Incluso más comprometida y crítica de lo que consigue. Porque detrás de esta historia de una exitosa cirujana plástica a la que presumiblemente van a ascender en su empresa y termina siendo despedida tras ser acusada de espionaje industrial se adivina una intención de abordar la obsesión por la belleza en nuestra sociedad y la imagen que proyectamos para los demás. Pero se queda en eso, en una intención noble. Los enredos se suceden, algunas situaciones se repiten y se alargan sin sentido, y la mayoría de gags no funcionan, por más que los actores lo intenten sin éxito. Con todo lo más destacable es la pareja de mujeres protagonistas (Elena Anaya en un papel cómico al que estamos poco acostumbrados, bien escudada por la siempre eficaz Pilar Castro), en una huida hacia adelante que no conduce a ningún sitio.