Persecución religiosa en Nicaragua

OPINIÓN

POOL | REUTERS

19 ago 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

Le ha tocado el turno a la Universidad Centroamericana de Nicaragua (UCA), de los jesuitas, el último reducto de libertad y de crítica en el país, en un contexto de brutal represión por parte del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Ni la dictadura somocista se había atrevido a tanto, y eso que los jesuitas estuvieron del lado de la revolución sandinista (valga por todos el nombre de Fernando Cardenal).

Se acusa a la UCA de ser un centro de terrorismo y haber traicionado la confianza del pueblo nicaragüense. Su cierre y la confiscación de todos sus bienes es el precio que pagan los jesuitas por su compromiso con la verdad, la libertad y el bien común. Ortega y Murillo, como los cobardes y las alimañas que son, ni siquiera firman la orden: la orden la firma una jueza… ¡Qué vergüenza!

Los jesuitas y la Iglesia saben bien lo que significa estar al lado de los pobres y de los derechos humanos en la empobrecida y convulsa Centroamérica, luchar contra los totalitarismos e injusticias de todo tipo. No olvidemos los asesinatos, entre muchos otros, de Óscar Romero y de Ignacio Ellacuría en El Salvador. Debemos reconocer y agradecer su valentía, entrega y compromiso. Sorprende el silencio de las autoridades españolas y europeas. Hay silencios que, aparte de cobardes, son cómplices. Dios es quien tiene la última palabra sobre la historia: la tendrá también sobre Nicaragua. Pero no quedemos con los brazos cruzados.