Del silencio entre monjes al bullicio hostelero

Javier Benito
javier benito A ESTRADA / LA VOZ

DEZA

No disponible

El monasterio románico de Aciveiro resurgía de su letargo tras una restauración que otorgó nueva vida a varias de sus edificaciones, creándose una hospedería, para después ampliarlo como hotel monumento

19 mar 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

Hace casi nueve siglos se fundaba en un rincón privilegiado de la Serra do Candán, en territorio de Forcarei, una comunidad de doce monjes que pocos años después de aquel 1135 superaban el centenar. En 1170 se unían al Císter gestándose uno de los lugares de referencia obligada en la provincia pontevedresa, en lo económico, lo religioso y lo cultural. Pero la desamortización de Mendizábal en 1836 supone el progresivo abandono del cenobio, que terminó condenado a la ruina. En 1990 amenazaba con terminar en cascotes, pero hace ahora 23 años resurgía como hospedería, primer paso para el posterior hotel monumento, que comenzó a funcionar hace casi dos décadas.

El monasterio de origen románico se convirtió durante siglos en faro cultural y económico para Terra de Montes, con un próspero negocio de exportación de hielo producido en sus neveiras diseminadas por la sierra. Ejerció como taller de oficios artesanales, desde canteros a cereros, tejedores o arrieros y cesteros. Figura en los anales de la historia como uno de los centros culturales más importantes de la Orden del Císter, creando en Aciveiro un centro de estudios de humanidades y un colegio de teología moral. Pero terminó por declinar su estrella hacia el siglo XVI, con la puntilla de la desamortización y acabar condenado al olvido, ya sin monjes tras sus gruesos muros de piedra.

La creación de la Asociación de Amigos do Mosteiro de Aciveiro abrió un rayo de esperanza para salvaguardar esta joya arquitectónica religiosa. A principios de los años 90 presentaba un preocupante estado de ruina, con la maleza campando a sus anchas, muros caídos y riesgo real de traspasar ese límite donde no hay vuelta atrás. Pero el colectivo perseveró en su empeño de restaurar el cenobio y sus distintas construcciones. La financiación de las Administraciones permitió rehabilitar a principios de siglo una parte significativa, a través de la escuela taller Terra de Montes y de la Consellería de Cultura. En el primer caso actuando principalmente en la casa rectoral, en el segundo, en el ala este donde se creo la hospedería de San Gonzalo das Penas.

Salía de un letargo de décadas ese patrimonio para convertirse en centro dinamizador de las demandas del turismo rural, como destacaba el entonces párroco de Aciveiro, Rogelio Freire, en la inauguración de la hospedería hace ahora 23 años. Contaba con nueve dormitorios de estilo rústico, además de comedor, cafetería, salón de lectura y recepción. El alcalde de Forcarei, David Raposeiras, incidía en aquel acto del 17 de marzo en la esperanza de futuro que suponía devolver actividad al monasterio. Presidía Xosé Luis Barreiro en aquel 2001 la Asociación de Amigos do Mosteiro de Aciveiro, quien además de homenajear a Francisco Filgueiras y los primeros impulsores de la entidad, reivindicó nuevas inversiones para la restauración integral del conjunto monacal forcaricense.

Esa llamada de Barreiro a las instituciones a no cejar en devolver la vida a todas las edificaciones no cayó en saco roto. Por aquel 2001, cuando se abrió la hospedería, seguían en ruinas dos alas que la asociación planteaba restaurar para crear una biblioteca y un museo etnográfico. Restaban otras obras de menor calado como la mejora del patio exterior del monasterio. Mientras llegaban nuevas actuaciones, pernoctar en Aciveiro costaba cada día 8.000 pesetas, al cambio, unos 48 euros. Eso sí, de las pesetas de hace más de dos décadas. Las reservas en el inicio se realizaban a través de Turgalicia o Turisnorte, así como en el propio teléfono de la hospedería.

Más capacidad

La demanda de esas nueve habitaciones permitió constatar al poco tiempo que se quedaba corta la oferta. Ya en enero del 2002 la firma entonces concesionaria de su explotación sugería una ampliación de las instalaciones para aumentar el número de dormitorios, ante la falta de capacidad en temporada alta o por demanda de grupos. Pero no sería hasta el 2003 cuando, con financiación autonómica, se acometió el proyecto para incrementar la oferta hotelera.

Las obras obligaron a cerrar de forma temporal el establecimiento. El ala este del cenobio se restauró para acoger nueve habitaciones más, duplicando la oferta inicial, además de crearse salones de convenciones. Ya antes de concluir los trabajos la Xunta anunció la convocatoria de un concurso para adjudicar la gestión del complejo hostelero de Aciveiro. Tres firmas se interesaron en ese proceso. Sería la cadena Pousadas de Compostela la encargada de llevar las riendas del hotel de lujo hace casi veinte años, hasta la actualidad.

Los rezos de los monjes de antaño, tras las paredes de granito y en plena naturaleza, quedaron silenciados. Ahora el cenobio permite del descanso del visitante, pero también el bullicio en las celebraciones festivas y convenciones en sus diversos salones.