Isa Gil, la pedagoga que se comunica con los bebés antes de que aprendan a hablar

Laura Ríos
Laura Ríos RIBEIRA

BARBANZA

La experta aplica esta metodología a diario con su hijo Martín, que tiene dos años y medio.
La experta aplica esta metodología a diario con su hijo Martín, que tiene dos años y medio. CEDIDA

La outiense enseña a entender a los niños a través de signos simplificados

15 abr 2024 . Actualizado a las 15:49 h.

Ya es mítico ese capítulo de Los Simpson en el que la familia más conocida de los Estados Unidos acude a una feria de tecnología y descubre un supuesto traductor de bebés. La herramienta no les convence del todo y acaban por no utilizarla con Maggie, la más pequeña de estos queridos personajes televisivos.

Quizás Homer y Marge hubiesen preferido comunicarse con su niña a través de signos simples, como lo hace la pedagoga Isa Gil. El baby sign, la técnica que ella aplica con su hijo Martín, así como con otros menores, no es otra cosa que una adaptación de la lenguas de signos que permite emitir mensajes muy simplificados. No tiene estructura gramatical ni normas, sino que es una herramienta intuitiva que permite rebajar el nivel de frustración que sienten los bebés cuando quieren algo y sus padres no entienden qué es.

De esta manera, progenitores y pequeños aprenden una serie de códigos con los que poder comunicarse sin enfrentarse a llantos de origen desconocido. Según explica la pedagoga asentada en Outes, esta disciplina tiene su origen en los Estados Unidos en los años 80, cuando un grupo de investigadores hizo un estudio en el que participaron 140 familias divididas en dos grupos. En uno de ellos se introducía esta vía de comunicación y en otro no.

Pues bien, el experimento dio como resultado que los niños en los que sí se empleaba no solo aprendían a hablar antes, pues cada signo va siempre acompañado de la palabra correspondiente, sino que adquirían un vocabulario más rico, sobre todo comparado con la media de menores de esa edad.

A fuego lento

Para ir subiendo poco a poco los escalones de este reto es bueno que los padres empiecen a utilizar cuanto antes este lenguaje. Según Gil, el mejor momento es a partir de los seis meses. De esta manera, destaca, será más fácil que el bebé vaya asimilando determinados signos básicos que irán aumentando en función de su desarrollo.

El haber llegado al mundo del baby sign no fue una casualidad para esta outiense de adopción, que tuvo a su pequeño Martín hace algo más de dos años. Con él empezó a signar a los nueve meses y desde aquella no ha dejado de adquirir vocabulario: «Aínda non ten 3 anos e fala moitísimo». Apunta que esta herramienta es un recurso temporal que facilita la comunicación entre hijos y padres y que no retrasa el habla, sino que la agiliza: «Vai chegar un momento no que vai deixar de facelo porque non vai ter a necesidade».

En su caso, esta decisión le ayudó a disminuir la cantidad y la intensidad de las rabietas que le daban al pequeño Martín, que no encontraba mejor manera de expresar la frustración que sacando a relucir su potente carácter. Tan bueno fue el efecto de la comunicación fluida entre madre e hijo que la pedagoga ha decidido montar un negocio por su cuenta con el que poder echar un cable a otras familias.

Su objetivo es que los padres acudan a Doce Coliño con la idea de derribar determinadas ideas muy instauradas en la crianza tradicional, pero que no acaban de ser del todo respetuosas con los niños. Para ella, lo importante es que la gente sea cada vez más consciente de que el modelo de paternidad y maternidad necesita un cambio profundo que ayude a educar a los pequeños desde el amor y la comprensión : «Volver un pouco ao natural, ao instintivo, a todo aquilo que fomos perdendo en prol do consumo».

A favor de la pedagoga habla, literalmente, su experiencia personal con el pequeño Martín, que antes de haber llegado al colegio ya es todo un parlanchín para gozo de su familia.