Señala ante el Apóstol que Galicia debe ser capaz de «imaxinar horizontes comúns» dentro de su diversidad
El mismo marco solemne, la sobria escenografía propia del evento, pero con un nuevo reparto y un guión remozado más allá del repaso a las preocupaciones comunes que dictan los gabinetes sociológicos. Alberto Núñez Feijoo desempeñó ayer por vez primera el papel de delegado regio en los actos religiosos e institucionales del Día de Galicia, arropado por los miembros del nuevo Gobierno y con un discurso que hilvanó sobre el argumento de la unidad ante los retos que este país tiene por delante. «Galicia é diversa porque así o quixeron os galegos. Pero os galegos equivocaríamos o noso camiño se nesta hora non fosemos quen de imaxinar horizontes comúns», proclamó el presidente de la Xunta en su invocación ante el Apóstol. «Atopamos en cada desafío un camiño que cómpre percorrer xuntos», recalcó.
El oferente, que sintetizó en los párrafos finales de su discurso el mensaje de mayor calado político, abogó por conjugar la tradición con las medidas necesarias para que Galicia siga creciendo. «Un pobo antigo e novo coma o noso está capacitado para xunguir os valores herdados dos nosos devanceiros coas esixencias contemporáneas», subrayó. Feijoo defendió que «a cultura do coñecemento, o pulo, a innovación, os anceios da competitividade e da eficiencia, a apertura permanente a culturas e pensamentos» no van en detrimento «da nosa forma de ser, senón que axudarán a enriquecela». Como colofón a esa reflexión, proclamó que «a identidade non é inmobilismo, nin só lembranzas, senón dinamismo. Galicia sabe conxugar o que foi co que será», abundó. Feijoo reclamó la intercesión del apóstol Santiago para esa tarea pendiente de «construír esa ponte que nos vai permitir seguir sendo o que somos sen deixar de formar parte dun mundo en perpetua evolución». Como pilar fundamental de ese puente, el oferente apuntó la tolerancia y la cordialidad, «que son o sinal desta terra, e que non supoñen debilidade, senón un entendemento intelixente das complexidades do espírito humano». «Axúdanos a manter sempre aceso o facho da nosa identidade, sen esquecer que o futuro forma parte de nós, e nós formamos parte do futuro», resolvió.
Ayuda para «saber escoitar»
En el discurso con el que, alternando gallego y castellano, cumplió con el rito que Felipe IV instauró en 1642, Feijoo imploró al Apóstol que guíe e inspire a los encargados de ordenar los asuntos públicos: «Protexe ao noso país. Aluméanos aos seus gobernantes para que saibamos escoitar as inquedanzas da xente». Repasó las que ahora crean más desasosiego, como la crisis económica «que amenaza especialmente a las familias más débiles» y la injusticia que distancia a los países más prósperos de los que apenas alcanzan la subsistencia. Feijoo también demandó ayuda para ser tolerantes y comprensivos con los inmigrantes. «Ellos son lo que nosotros fuimos», constató.
La ofrenda, que incluyó una reprobación de un «terrorismo cruel y asesino» que presentó como «vestigio» de guerras internas pasadas, prestó especial atención al futuro de una juventud de la que Feijoo dijo sentirse orgulloso y a la exaltación del fenómeno jacobeo ante el próximo año santo 2010.
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