Los bomberos tardaron cuatro horas en controlarlo y se produjo un vertido de productos químicos al río Lagares
Arde una gigantesca nave-almacén situada junto a un bosque, un barrio de viviendas, dos gasolineras y los depósitos de Campsa
Los servicios de emergencia de Vigo fueron sometidos ayer a una prueba sin precedentes y aparentemente salieron airosos. El incendio de una gigantesca nave de almacenaje en plena noche provocó un pavoroso incendio que destruyó el variado material almacenado y colocó en gravísimo riesgo dos gasolineras cercanas y 85 viviendas del barrio de O Gorxal. La clave para que este suceso no se convirtiera en catástrofe residió en la meteorología: el bosque que rodea parcialmente la nave estaba empapado a causa de las fuertes precipitaciones caídas en Vigo el día anterior.
Si la densa arboleda hubiera ardido, es inimaginable cuál hubiera podido ser el encadenamiento de hechos: a pocos metros de la nave se encuentra otra también de gran tamaño, que alberga la mayor imprenta de la ciudad, y dos gasolineras que bordean la autopista Vigo-O Porriño. Sobre ambas estaciones de servicio, también a distancia mínima, los gigantescos depósitos de Campsa donde se almacenan millones de litros de combustible.
Pese a que el siniestro fue el más grave de los últimos tiempos, se saldó únicamente con un bombero herido leve en un brazo y, eso sí, con cuantiosos daños económicos. Pasadas las tres de la mañana el servicio de extinción de incendios recibió la llamada de un vecino comunicando que había fuego en la nave. Desde el parque de Teis se desplazó un vehículo que tardó en llegar alrededor de un cuarto de hora. Cuando comprobó su alcance, dio la voz de alarma y poco después se concentraban allí todos los efectivos disponibles. Al mismo tiempo acudieron agentes de la Policía Local, que procedieron al desalojo de los vecinos del barrio colindante de O Gorxal, 85 viviendas en las que residen unas 160 personas, y una casa aislada casi pegada a la nave.
Los bomberos tuvieron graves dificultades para atajar el fuego, ya que sus intentos por trabajar dentro de la nave fueron inútiles. Al poco de llegar, el forjado de la cubierta cedió, momento en el que resultó herido un bombero, por lo que tuvieron que trabajar desde el exterior. Fuentes municipales confirmaron que tardaron unas cuatro horas en apagar las llamas.
El principal obstáculo con el que se encontraron fueron las dimensiones de la nave, un gigantesco hangar de unos 6.000 metros cuadrados y unos diez metros de altura, que con una mínima compartimentación diez empresas utilizaban como almacén. Allí se guardaban desde enormes cantidades de productos de limpieza a cientos de electrodomésticos y colchones, además de numerosos camiones y furgonetas. Todos ellos fueron pasto de las llamas, con lo que las consecuencias económicas del suceso son millonarias y de momento a los 200 empleados que allí trabajaban se les presenta un negro futuro laboral.
La mayor complicación para los bomberos fue la existencia de productos de limpieza, que equivalen a material químico. Con el agua utilizada para la extinción, fue arrastrado hasta un arroyo cercano para terminar poco después en el Lagares, el principal río de Vigo. Por este motivo, la Consellería de Medio Ambiente envió numerosos efectivos que se pusieron a controlar el vertido de inmediato.
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