No se conocían malos tratos previos ni consta en la policía ni en el juzgado ninguna denuncia de la víctima
Tras acabar con la vida de su esposa, llamó a su hijo, que es guardia civil, y este avisó a sus compañeros
Andrés Otero Lorenzo, un marinero jubilado, de 67 años de edad, mató a su mujer, Carmen Fernández Martínez, de 61 años, ayer por la mañana en la casa familiar, en el centro de Cangas. Aunque inicialmente se pensó en la posibilidad de que la estrangulase, ya que la víctima tiene marcas en el cuello, la investigación posterior parece apuntar a que la causa de la muerte fue un fuerte golpe en la cabeza propinado con un objeto.
Tras cometer el crimen, el hombre llamó a su hijo, que es agente de la Guardia Civil, y que se personó inmediatamente en el domicilio. Él fue quien se encargó de avisar a sus compañeros del cuartel de Cangas, que procedieron a la detención del padre.
No se sabe qué impulsó al marido a matar a su esposa. Amigos de la pareja se mostraron muy sorprendidos por el suceso. Los vecinos del edificio no habían detectado nunca discusiones ni problemas en el matrimonio. No consta ninguna denuncia de la víctima contra su marido ni en la Guardia Civil ni en la Policía Local ni en el juzgado.
La Guardia Civil recibió el aviso poco antes de las diez de la mañana de ayer. Hasta pasadas las 14.30 horas no se procedió a levantar el cadáver, que fue trasladado al Anatómico Forense de Pontevedra para serle realizada la autopsia. El juez también ordenó la recogida de muestras biológicas del marido, según indica un comunicado de prensa del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia.
Los agentes dedicaron toda la mañana a inspeccionar la escena del crimen. Al finalizar y una vez levantado el cadáver, precintaron las dos puertas de la vivienda, el 2.º B del edificio San Cristóbal, el primero de la avenida de Ourense, construido en régimen de cooperativa hace 33 años y el más alto de Cangas, con nueve plantas. La mujer era quien figuraba como cooperativista.
Vivían solos en el piso
La pareja vivía sola, ya que sus dos hijos, casados, que les dieron tres nietos, tienen su propio domicilio. Vecinos del edificio y amigos que los trataban los describen como personas normales. Ella era más alegre, y él, más callado. Andrés Otero es un marinero jubilado que se entretenía cultivando hortalizas en la finca que tiene su mujer en la parroquia canguesa de Aldán, labores en las que también participaba ella. Los vecinos los veían cuando llegaban en coche con productos de la huerta. La mujer era la que conducía el vehículo, que habitualmente paraba delante del edificio y él bajaba con las verduras. La esperaba en la acera mientras su esposa iba a aparcar y subían después juntos a casa.
La corporación canguesa condenó el «acto de barbarie machista». Vicepresidencia suspendió la inauguración del local social que abrió ayer en Cangas. Hoy está prevista una concentración de repulsa ante el Concello.
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