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crónica Marbar pincha la burbuja gallega

Un solo comprador apalabró sin registrar 14 pisos en una promoción del empresario fugado. La crisis espantó a los especuladores, y las deudas, a Manuel Martínez Barros

Autor:
Carlos Punzón
Fecha de publicación:

El cierre de más de 300 oficinas de agencias inmobiliarias el pasado año, así como un palpable parón en la venta de pisos, evidencian que el gran globo de la construcción ha dejado de hincharse también en Galicia. La crisis del grupo de empresas Marbar, desatada el pasado fin de semana con la fuga de su propietario, demuestra que la burbuja inmobiliaria gallega ya pierde aire, porque el sector augura que el pinchazo de Manuel Martínez Barros no será el último.

1

Riesgo acumulado. El constructor tomiñés ingresó en los últimos ejercicios menos dinero de lo que suponían sus gastos. Fórmula evidente que por reiterada y magnificada lleva a la quiebra. ¿Pero por qué llegó hasta esa situación Marbar?

La constructora de Tomiño, nacida después de sonoros éxitos económicos de su dueño, relacionados sobre todo con la elaboración de granito, extendió su red en muy poco tiempo, con promociones costosas y, sin excepción, en zonas del interior, y por tanto con menor demanda que en la costa o en las inmediaciones urbanas. Para afrontar sus proyectos en A Cañiza, Tomiño, O Covelo, A Estrada, Brión, Vilaboa o Viana do Castelo -todos de alto nivel de calidades y aún en marcha-, Martínez Barros acudió a la vía del gran crédito. Sus acreedores cifran en 25 millones el capital pedido por Marbar, sobre todo a una caja. Su riesgo acumulado se había multiplicado.

2

Ventas en falso. Para afrontar dicho desequilibrio, los que conocen de cerca la trayectoria empresarial de Martínez Barros dicen del empresario de 47 años que desde que tiene empleados «se pone malo el día 20 de cada mes hasta que se cerciora de que no le falta ni un euro para las nóminas y los proveedores; cayó en manos de los especuladores, pensando que con ellos, al menos, tenía las ventas seguras», apuntan desde su círculo más íntimo. Compradores de pisos de Marbar en A Cañiza relatan que una sola persona, de nacionalidad portuguesa, apalabró a cambio de una señal hasta 14 pisos en la misma promoción. No fue el único. Dos, tres viviendas adquiridas por las mismas manos dejó de ser raro en las obras de Martínez Barros. Los compradores masivos desaparecieron tan rápido como llegaron con los primeros síntomas de las crisis inmobiliaria. Y Marbar, que había aceptado señales de alrededor de 6.000 euros por vivienda y sin ningún tipo de escrituras o documentos notariales, se quedó sin la liquidez planeada, sin poder terminar las obras, sin fondos para pagar el mes de enero a su medio centenar de empleados y a la larga lista de proveedores con los que hasta hace una semana trabajaba.

3

Contratos basura. «Le fallaron muchos compradores con los que solo tenía contratos privados, contratos basura, como hacen los especuladores, para reinvertir y sacar rendimiento hasta del último céntimo. Se veía venir», lamenta un empresario de O Baixo Miño. «Él, sin embargo solía pagar bien, de hecho a sus obreros solo les debe 20 días de trabajo», recalca un viejo amigo del constructor, al que no le cabe duda de que «intermediarios con mucho pico» aconsejaron mal al empresario en la elección de las zonas para sus promociones.

4

Relaciones políticas. Las veleidades políticas de Manuel Martínez son casi tan misteriosas como el lugar donde puede encontrarse el empresario. Que invirtiese mayoritariamente en ayuntamientos gobernados por el PP es calificado de casual en su entorno, mientras que en zonas como A Estrada empresarios de la construcción aseguran que fue introducido allí por dirigentes populares que lo empujaron a una operación urbanística, en la que al final se tuvo que tragar 53.838 metros cuadrados de campo tras no lograr su recalificación de rústica a urbanizable. En Tomiño se le coloca en la órbita de una sigla independiente, Alternativa Tomiñesa, muy relacionada con el ladrillo, pero, en todo caso, impulsada por ex militantes populares. «Solo era simpatizante, nada más», reitera desde la formación uno de sus mandos, que ve a Martínez Barros solo «como una víctima del momento».

 

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