Bush invita al G-2O, donde España no participa directamente, a una reunión extraordinaria el 15 de noviembre
El presidente francés, Nicolás Sarkozy, rectificó ayer su advertencia de que España no podría participar en la cumbre mundial que pretende refundar el sistema financiero y las estructuras del capitalismo internacional, y se comprometió a mediar ante Estados Unidos para que el presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, sea invitado a la reunión.
En un escueto comunicado, el Elíseo aseguró que Sarkozy ha transmitido a Zapatero «su convencimiento de que España tiene su sitio» en la cumbre. El día anterior, el presidente galo y líder de turno de la UE sostuvo en Estrasburgo que España no podría acudir a ella si el foro elegido para convocarla era un debate conjunto del G-8 -los países más industrializados del mundo- y el G-5 -las economías emergentes-, en ninguno de los cuales forma parte directamente.
Después de esas declaraciones, Sarkozy conversó por teléfono con Zapatero, y como resultado de la charla, el Elíseo publicó una nota en la que prometía que el Presidente de la República «defenderá la causa de la participación de España ante de los anfitriones americanos».
El presidente galo tendrá que ser muy convicente si quiere quedar bien con su homólogo español, porque la Casa Blanca anunció poco después que la reunión se celebrará como un acto del ?G-20, formado por las economías más poderosas de los cinco continentes y en el que España tampoco cuenta con representación directa.
De ese grupo forman parte Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Francia, Alemania, la India, Indonesia, Italia, Japón, México, Rusia, Arabia Saudí, Sudáfrica, Corea del Sur, Turquía, el Reino Unido, Estados Unidos y la Unión Europea, que acude a las reuniones representada por su presidente de turno y por el del Banco Central Europeo.
Actividad diplomática
El Gobierno lleva un par de semanas de intensas actividades diplomáticas para garantizar que Zapatero podrá sentarse junto a los líderes que pretenden rediseñar las finanzas mundiales con independencia de cuál sea el formato elegido para discutir cómo lo harán.
A su favor, Zapatero cuenta con el respaldo del primer ministro británico, Gordon Brown, que ya pidió su presencia hace una semana, y con el apoyo recién suscrito de Sarkozy. También con el aval de la fortaleza de la economía financiera española, cuyo sistema bancario es de los pocos que se ha mantenido firmes ante la debacle de los mercados mundiales.
En contra de esas aspiraciones está el hecho de que las invitaciones las cursará el Gobierno de George W. Bush, que desde la retirada española de Irak ha evitado un encuentro oficial con el jefe del Ejecutivo español. Sin embargo, Bush, que ya ha informado de la cumbre a los candidatos a las elecciones del 4 de noviembre, será por entonces un presidente en funciones. Fuentes de la Casa Blanca citadas por varias agencias sostenían que, en cualquier caso, las ideas de España serán escuchadas aunque no esté en el encuentro.
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