Los sueldos de los directivos de banca, incluidos los incentivos por beneficios, no estarán sujetos a una fiscalidad especial, una de las fórmulas que manejaban los Veintisiete para controlar que la política retributiva de los altos cargos de esas entidades no alienta las ganancias a corto plazo ni las inversiones demasiado arriesgadas.
Según informaron ayer fuentes diplomáticas, la presidencia francesa Unión ha renunciado a incluir los instrumentos fiscales sobre los sueldos de los directivos, en las propuestas que hará hoy a los ministros de Economía y Finanzas para mejorar los controles sobre el funcionamiento del sistema financiero.
Entre otras posibilidades, se había planteado establecer gravámenes especiales a partir de unos determinados niveles retributivos, una herramienta que la mayoría de países consideran «bastante poco realista».
Indemnizaciones
El pasado sábado, los presidentes y primeros ministros de Alemania, Francia, Italia y el Reino Unido, junto a los presidentes de la Comisión Europea, el Eurogrupo y el Banco Central Europeo, acordaron reclamar a los bancos un código de buenas prácticas sobre los salarios de sus altos cargos. Entre otras cosas, pedían que las retribuciones, incluidas las indemnizaciones por cese pactadas de antemano, sean proporcionales a los beneficios o las pérdidas que su gestión haya ofrecido a cada entidad.
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