La ausencia de una acción coordinada de los líderes europeos contra la crisis mina aún más la confianza
El Ibex sufre la quinta mayor caída de su historia, del 6,06%, en una jornada en la que las ventas se ensañaron con los bancos
La epidemia financiera se extiende en Europa y el pánico se expande como la pólvora entre los inversores. Con la idea de que ni siquiera los bancos rescatados están ya a salvo del colapso (así lo evidenciaron el pasado fin de semana las segundas operaciones de salvamento de entidades europeas como el alemán Hypo Real Estate y el belga-holandés Fortis) sobre las mesas de operaciones, la de ayer se convirtió en una jornada para el olvido en las bolsas de todo el planeta. Ni la aprobación del macroplán anticrisis de Estados Unidos, ni la multimillonarias inyecciones de liquidez de los principales autoridades monetarias del mundo, ni las apresuradas medidas gubernamentales de garantía de los depósitos sirvieron para calmar los ánimos en unos mercados en los que ayer solo hubo sitio para las ventas, y en los que las cotizaciones de la mayoría de los bancos, en el ojo del huracán de la crisis, cayeron a plomo.
En el caso del Ibex, la jornada se saldó con un varapalo del 6,06%, la quinta mayor caída de la historia del índice, y ni una sola de las 35 empresas que lo componen escapó a la debacle.
El azote de las ventas fue tal que la Sociedad de Bolsas se vio obligada a primera hora de la mañana a inhibir la cotización de algunos de los pesos pesados del mercado ante la imposibilidad de cruzar operaciones. Entre ellas, la del Santander y la del BBVA, que despidieron el día con descalabros del 6,07 y del 5,2%, respectivamente, lo que amplía las pérdidas acumuladas este año hasta el entorno del 30%.
Mucho peor le fueron las cosas a la mayoría de sus competidores europeos. Y es que, en medio del vendaval, las entidades financieras españolas volvieron a dar muestras de una mayor resistencia bursátil a la crisis que sus rivales. Desplomes como los sufridos por el británico HBOS (del 19,8%), el alemán Commerzbank (16,08%) o el propio Hypo Real State (del 37,42%), por poner solo algunos ejemplos, así lo evidencian.
Con estas pesadas losas a sus espaldas, y el desplome de Wall Street como telón de fondo (el Dow Jones llegó a caer casi un 8%, aunque al final solo bajó un 3,58%), los descensos fueron brutales en la mayoría de las plazas del Viejo Continente. Londres se dejó un 7,85%, Fráncfort se dejó un 7,07%, y París retrocedió un histórico 9,04%.
Para los analistas, la falta de unidad que están demostrando los líderes europeos a la hora de afrontar la crisis se ha convertido en la puntilla que está rematando la confianza de los inversores. «Insisten en que están decididos a poner toda la carne en el asador, pero actúan cada uno por su lado. Parece que impera el sálvese quien pueda y lo que hace falta es un plan coordinado que ponga fin a la sangría», comentaba ayer un operador refiriéndose a la actitud de los dirigentes de la Unión Europea.
En otros lugares del planeta, la situación fue todavía más dramática: las bolsas de Rusia, Brasil y Argentina se vieron incluso obligadas a suspender las operaciones en determinados momentos del día para tratar de poner freno a la avalancha de ventas que se acumulaban sobre las mesas de operaciones. También Islandia interrumpió las negociaciones
Euro y petróleo
La propagación de la epidemia financiera a este lado del Atlántico también está pasando una elevada factura al euro, que ayer cayó por debajo de la barrera de los 1,35 dólares.
Y en el mercado del crudo, la sombra de la recesión, cada vez más alargada, llevó la cotización del brent por debajo de los 90 dólares, algo que no sucedía desde hace ya ocho meses.
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