En la pequeña parroquia soneirana, situada en el fondo de un valle y entre montañas, la tele casi ni se ve y los móviles apenas tienen cobertura
Hace poco más de un año, los vecinos del lugar de Roma, que da nombre a la parroquia que tiene solo otro núcleo más (el de Rus), denunciaban en este diario las carencias de ondas electromagnéticas que padecen. En otras palabras: hasta sus casas no vienen ni las ondiñas de las antenas de telefonía móvil, ni van las ondiñas de los canales de televisión. Es una zona de sombra total.
Un año más tarde, todo sigue igual. La ventaja es que peor no puede ir. O sí, si dejan de ver la TVG, el único canal que les une a las pantallas.
El problema es conocido, y desde hace unos seis años, se ha agravado. La aldea de Roma, donde esta la iglesia de Santa Sía, donde se percibe el paso noble de la historia de esta parte de Zas, está encajonada entre riscos y montes, en el fondo del valle. Y hasta ahí abajo no llegan, ni doblando, las emisiones. Lo paradójico es que hace unos seis años -recuerda una vecina, Victoria Pais- sí llegaban un poco mejor, pero la cobertura ha ido para a atrás, «como os cangrexos», se queja la misma vecina.
La situación es la siguiente. Por regla general, las once casas del lugar (casi cincuenta vecinos) no captan más canal que la TVG, y no siempre. A veces, aunque no se ve nada, sí se escucha algo. Es la tele en modo radio. Lo de coger las privadas, un sueño. Lo de la TDT, para una novela de Isaac Asimov, ciencia ficción total.
En cuanto a los móviles, la cobertura de Movistar es, a veces razonable, dentro de lo mínimo. Algunos haces de sus repetidores se ve que se cuelan entre los pinos. Del resto, casi nada. Hay que mover el móvil con la mano, buscando ángulos imposibles. O subir a los puntos más altos para recibir llamadas o hacerlas, tras ver en el contestador los mensajes de las que se han perdido.
Sin tele, sin bar, a algunos no les queda otra, por las noches, que sentarse alrededor de la lareira y hablar, o jugar a las cartas. La resignación también invita a agudizar el sentido del humor: «Como estamos sen televisión tamén nos doe menos a cabeza», apunta Victoria, quien ayer se juntó con un grupo de vecinos en torno a un viejo aparato portátil, en blanco y negro, para mostrar sus reivindicaciones desde un punto de vista simbólico y, en este plan, reclamar que todos los caminos de las ondas también lleguen a Roma.
Desde Zas, en la capital municipal, el alcalde, Manuel Muíño, apunta que se trata de un asunto «moi complexo» dada la ubicación del lugar y que, aun no tratándose de una competencia municipal, habría que buscar una solución específica para el lugar.
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