Fieles portando velas y ataviados con túnicas moradas tomaron las calles de la localidad barbanzana
Nueve ataúdes, cuatro de niños y cinco de mayores, desfilaron en la multitudinaria procesión
La localidad pobrense volvió ayer a teñirse de morado. Ese era el color de las túnicas que lucían buena parte de las miles de personas que se dieron cita en la villa para demostrar, un año más, que el Divino Nazareno sigue despertando un inusual fervor.
Pese a que la procesión de As Mortaxas no comenzó hasta las once, numerosos devotos se agolparon desde mucho antes en el entorno de la iglesia de O Castelo para hacerse con velas y exvotos de cera. Desde este templo, los fieles iniciaron un recorrido que se prolongó durante unas dos horas. El desfile se desarrolló bajo la atenta mirada de miles de personas que decidieron apostarse a ambos lados de las calles para contemplar un espectáculo en el que, quienes caminaban descalzos y portando ataúdes se convirtieron una vez más en punto de referencia de incontables ojos.
En esta ocasión, desfilaron delante de la imagen del Divino Nazareno nueve ataúdes, cuatro de niños y cinco de mayores, en representación de otros tantos devotos que estuvieron en peligro de muerte y que quisieron agradecerle al santo haber logrado salvar su vida.
Justo detrás de la imagen caminaba la comitiva de autoridades, encabezada por el líder del Partido Popular en Galicia, Alberto Núñez Feijoo; los cuatro alcaldes barbanzanos, Isaac Maceiras, José Luis Torres Colomer, Xosé Deira y Pedro Piñeiro; el almirante jefe del Arsenal de Ferrol, Santiago Bolívar; y el comandante de la Escuela Naval de Marín, José Luis Urcelaiz.
Contacto con al imagen
El momento más emotivo de la procesión tuvo lugar cuando la imagen llegó a la altura de A Covecha. Allí, la comitiva se paró y, bajo el estruendoso sonido de una impresionante traca de bombas, decenas de devotos intentaron tocar al Nazareno o pasar por su túnica infinidad de objetos personales.
Concluido el recorrido, la iglesia de O Castelo se quedó pequeña para dar cabida a las numerosas personas que pretendían asistir a la misa solemne. De hecho, fueron muchos los fieles que se vieron obligados a seguir la liturgia desde el exterior del templo.
Un año más, la procesión de As Mortaxas demostró que la fe no entiende de edades, puesto que ayer en A Pobra había desde niños a personas mayores ataviados con túnicas moradas y portando velas en busca de un mismo fin: suplicar al Divino Nazareno que cumpla sus deseos.
También quedó patente que son pocas las barreras capaces de frenar la fe que despierta el santo pobrense. A pie, con muletas y en sillas de ruedas, los fieles no dudaron en demostrar con su presencia la pasión que sienten por el Cristo.
Amplio despegue policial
La gran concentración de personas que siempre se registra en A Pobra con motivo de la procesión de As Mortaxas obliga a adoptar medidas de seguridad excepcionales. De hecho, durante la jornada de ayer se desplegó en la localidad un dispositivo integrado por ochenta agentes.
Una treintena de voluntarios de protección civil, 26 guardias civiles y 18 policías locales se encargaron de organizar la procesión y de dirigir el tráfico. El desfile obligó a cortar durante toda la mañana la principal calle del casco urbano de A Pobra, es decir, la carretera comarcal AC-305. Además, en la zona portuaria se habilitó un espacio para que estacionaran más de doscientos autobuses. Completaron el dispositivo ocho guardias civiles vestidos de paisano, cuya misión principal consistió en disuadir a los carteristas.
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