La alegría con la que las entidades de crédito prestaban dinero a sus clientes se ha esfumado de un plumazo. La persona que desee suscribir una hipoteca debe acreditar fehacientemente sus ingresos mensuales. Los bancos y las cajas piden ahora avales que hasta hace un año no reclamaban. «Miramos hasta la última póliza antes de dar luz verde a la operación», sostiene la empleada de una entidad financiera de Boiro. Según ella, «el riesgo de ese cliente determinará la concesión del préstamo». Otro profesional fue mucho más contundente en su respuesta. «No se deja dinero si no está todo bien atado y si el aval no cubre el empréstito demandado».
Pero el endurecimiento en las condiciones del crédito no solo está orientado en término de avales. Las entidades exigen una serie de parámetros que hacen que muchos de los potenciales prestatarios se echen para atrás a la hora de concertar una hipoteca. Así, el tipo de interés al que se deja el dinero ha pasado del euríbor más un 0,75%, al euríbor más un 1,50%. «Ese porcentaje es el margen comercial aplicado porque el riesgo asumido también es mayor, y hay que cubrir la hipotética insolvencia del deudor», apuntaron varios trabajadores.
También se ha modificado al alza la cuantía en la comisión de apertura, que pasó del 1,5% del total del préstamo al 2%. Eso supone que por un crédito de 110.000 euros se ha pasado de abonar 1.650 euros a cerca de 2.200.
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