Juzgan a un joven ribadense acusado de abusar sexualmente de una viandante
El Código Penal tiene tantos intríngulis que pillarlos es algo que solo pueden hacer los expertos. Ayer, en el Juzgado de lo Penal número 2 de Lugo fue juzgado un joven ribadense, acusado de abusar sexualmente de una viandante en la madrugada del 9 de septiembre del año 2006, en plenas fiestas patronales de la localidad.
Resultó curiosa la pugna mantenida por el fiscal, el acusado y su abogada por una cuestión de manos. Resulta que la acusación pública y también la particular mantienen que el imputado, J.L.C.D., le levantó la minifalda a la víctima y le tocó el trasero con las dos manos. El joven acusado y su abogada se encargaron de rebatir muy mucho ese argumento diciendo que solo empleó una sola mano.
¿En qué estriba la diferencia de una o de dos, se estarán preguntando? Lo aclaró la fiscal en sus conclusiones: «El propio acusado reconoce que le tocó el trasero, pero trata de reducirlo a una palmadita, para que todo se quede en una simple falta y los hechos fueron más allá de una mera palmadita». Entonces todo apunta, aunque esto depende de quién haga la interpretación, a que si se utilizan las dos manos, el hecho puede considerarse como un delito.
La letrada del acusado sostiene que éste no incurrió en ningún delito. «Le tocó el trasero y es una actitud deplorable que tiene su sanción penal», dijo. La abogada considera que los hechos no son lo suficientemente graves como para que el fiscal pida una pena de un año y un mes de prisión.
La defensora de J.L.C.D., recordó que, en el ánimo de la denunciante, había un ánimo de enriquecerse como consecuencia de la indemnización que reclama y que considera exagerada. Dijo, además, en el turno de conclusiones, que ella era «una auténtica veterana en cuestiones judiciales».
La fiscal y la acusación particular destacaron que quedó acreditado el delito. Sostuvo que el acusado le propuso inicialmente relaciones sexuales y como ella echó a correr por la calle él la persiguió y, cuando le dio alcance, le levantó la falda y le tocó ambas nalgas con las manos. Con posterioridad hizo ademán de desabrocharse la bragueta del pantalón, algo que negó categóricamente el imputado en su declaración de ayer.
«Intenté escapar, pero debido al miedo, mi cabeza se quedó totalmente en blanco», expresó la víctima que tuvo que someterse a tratamiento psicológico después de los hechos.
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